| Cartagena |
Martes
28 SEP 2004
Nos levantamos al amanecer, para ser mas precisos a las 4:30 AM y salimos de el hotel a las 5:15. No queríamos llevarnos todo el equipaje a Cartagena y San Andrés de manera que dejamos las maletas grandes en el
depósito de el hotel, hasta que regresáramos, muy convenientemente. Les aseguro es muy frió en las mañanas
Bogotánas, ahora se porque la llaman "la nevera"! El viaje en taxi hacia el aeropuerto fue muy bueno, el conductor un señor mayor de Pasto, Nariño. !Vaya que diferencia de el primer viaje desde el aeropuerto hasta el hotel, este chofer manejaba como un caracol, con la suerte que teníamos suficiente tiempo. Fue muy amigable y nos
conversó acerca de su vida académica y sus hijos que van a la Universidad.
El registro en el aeropuerto El Dorado fue
sin problemas y fuimos a Wimpy a desayunar, se ve extraño ver un Wimpy en Colombia, pero supe que están en Colombia desde 1976; la primera fue en Unicentro en
Bogotá. Después de la segunda taza de café, tuve la urgencia de visitar los sanitarios, y como es usual la tapa de el sanitario no existía, los secadores de manos no trabajaban y no había papel higiénico. Esto daña la apariencia de un buen aeropuerto. El vuelo a Cartagena
estaba retrasado por una hora porque un manta de neblina cubría la sabana de
Bogotá y su aeropuerto.
El vuelo a Cartagena fue muy bonito, muchas cosas que ver desde mi ventanilla, las escenas eran muy bonitas y a medida que nos acercábamos a Cartagena se veía mas húmedo. La
vista me recordaba mucho a Miami
Beach, al menos Bocagrande que es lo que se ve a la izquierda de el aeropuerto Rafael Nuñez. En el Rafael Nuñez tuvimos que caminar por la pista para llegar al muelle, el calor de la ciudad te hace sentir como si estuvieras deregreso en la Florida. El aeropuerto mismo es atractivo, es pequeño y recoger el equipaje y salir de el mismo fue astante fácil.
Afuera taxis de todas las épocas hacían linea, calcule mi salida y me toco un taxi Dodge Dart de el
73', venia con un chofer de 1920 con caso fuerte de tembladera. El viaje al hotel fue placentero, la brisa de el mar entraba por las ventanas de el auto, los resortes chillaban, las juntas brincaban, me hizo imaginar que iban por el malecón en la Habana. El
tráfico de Cartagena es menos pesado que el de
Bogotá, similar al trafico en las costas de la
Florida, muy relajado.
El hotel Da Pietro es encantador, es manejado por un italiano. Después de el
registro de rigor nos llevaron a nuestro cuarto, muy espacioso con piso de baldosa por todo el cuarto y una cama bastante cómoda, el aire acondicionado frió con televisor a control remoto y un mini-bar, en verdad es mejor de lo que esperaba. La única queja que tenia era pequeña, las ventanas no cerraban por complete de manera que los zancudos entraban, y el agua caliente se demoraba alrededor de una hora para comenzar a salir, al menos en el cuarto 218. Oiga esto es Cartagena, es caliente y pegajosa, de manera que no tener agua caliente no es gran cosa.
El hotel tiene un restaurante italiano y decidimos tratarlo, el sitio estaba bien decorado y bastante lleno, teníamos buenas expectativas. No salimos defraudados, la lasaña fue muy
sabrosa, y no mucha cantidad, la salsa de tomate, perfecta. Regresamos al cuarto
para una siesta.
En la tarde decidimos dar una caminata y
fuimos a la calle, a una cuadra de el hotel fuimos asaltados por un enjambre de vendedores y limosneros. Los vendedores ofreciendo Rolex, Mont Blanc y Lentes de diseñadores todos falsos, los vez por todas partes y son muy insistentes. Se que solo tratan de
conseguir con que vivir, pero te cansan rápido. Quizás
estaba cansado e irritable. El vecindario parece seguro, posiblemente mas seguro que cualquier otro lado de Colombia. El turismo es muy importante para Cartagena. y hacen muy buen trabajo en mantener la ciudad limpia y segura para el turista. Caminamos algunas cuadras hasta el hotel Caribe
la gran reina de los hoteles de Bocagrande, me recuerda de el Vinoy en St. Petersburg, Florida donde estuvimos una Hermosa semana después de habernos casado. Cerca al hotel esta Mimo's, de manera que paramos allí por helado de crema, yo escogí paleta de mora y Maria uno de guanábana pero en crema, pronto comenzó a llover, una Hermosa y refrescante lluvia tropical, nos sentamos debajo de la tolda miramos la gente pasar, los que esperaban los buses. Los buses son diferentes a los de
Bogotá, primeramente ellos esperan por uno, aunque camines despacio los nativos de Cartagena los hacen hasta tienen un asistente que se cuelga de la puerta y anuncia con voz fuerte su destino y este mismo asistente le ayuda en caso de que lo necesite para subir al bus y hasta le cierra el paraguas. Totalmente diferente de
Bogotá. Después de el helado paramos en un kiosco que lo administraba un paisa para comer unas deliciosas empanadas y chorizo.
Las primeras impresiones de Cartagena son favorables, muy relajante aparte de los vendedores de la calle.
Mañana veremos el corralito de piedra como le llaman a la parte vieja de la ciudad.
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los derechos de autor © 2004 Jim
Thompson
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