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Zipaquirá
Viernes                                     24 SEP 2004

Hoy tuvimos otro buen desayuno en el Dann Norte, donde decidí utilizar algo de mi español limitado y ordenar "dos huevos revueltos con jamón, cebolla y queso, dos arepas, dos pan de bono, dos vasos de jugo de melón, y café con leche". Creo que si ordenar comida fuera lo único que tendría que hacer mientras en Colombia, possiblemente lograría sobrevivir.

Luego hizimos que el hotel nos ordenara un taxi para ir a la Autopista Norte con calle 170 donde íbamos a tomar una flota a Zipaquirá. El taxi nos dejó en lo que creo era una estación de bus, pero solo nos toco hacer la seña a una flota que pasaba en la carretera y montarnos; la tarifa solamente fue 4500 pesos para ambos, como $2USD. La flota era muy limpia con asientos cómodos, forrados en una tela gris muy elegante con rayas negras. En la parte superior de cada asiento hay otro forro blanco para proteger el asiento, María siempre piensa que se parecen a calzoncillos para hombre.

El viaje a Zipa, como llamo a Zipaquirá, fue suficientemente tranquilo, habían unos estudiantes viajando a la universidad ubicada en el camino, mas otro gente haciendo sus vueltas, creo que éramos los únicos turistas. Pasamos por Cajicá, que no se ve tan bonito, María me asegura que la vía principal pasa por las partes mas feas de Cajicá y Zipaquirá. El viaje es como 50 kilómetros de Bogotá. 

Llegamos a Zipaquirá y encontramos la plaza principal guiados por la catedral. La plaza es enorme y muy bonita, aunque podría usar mas árboles y es pavimentada. María dice que no era así la última vez que ella estuvo allá hace cinco años. Colombia a invertido dinero en Zipaquirá, supongo porque es una destinación turística. También hay arreglos en el camino que va de la plaza a la Catedral de Sal. 

Pasamos un agradable tiempo en la plaza, mirando gente y disfrutando del bello día. En la esquina de la plaza hay una casa que era de la familia de María. Su padre y los hermanos nacieron allá. Hoy en día la casa es un centro comercial completo con un restaurante bonito.

 Luego nos fuimos caminando en la dirección de la entrada de la Catedral de Sal, siempre es una subida bastante pendiente y llegamos cortos de aire. Había un tumulto increíble, parecía que miles de niños estaban en un viaje de colegio. Nos sentimos como reyes, los profesores restringían los niños para dejarnos pasar al frente de la línea. Hasta cuando tuve que usar el baño, un niño joven fue retirado del urinal para dejarme ir, ojala que el no tenía mucha urgencia. Me sentio un poco mal de haber recibido tratamiento especial, pero si no fuera por eso todavía estaríamos en Zipa rodeaos de niños. 

Cerca a la entrada donde se compran los ticketes para la catedral de sal o el museo de sal hay una enorme estatua de un minero, me pareció muy impressionante. Una nota: no gasten el dinero en un tickete para el museo de sal, no vale la pena. El tickete para la catedral costó 10.000 pesos para adultos, jóvenes entre 4 y 12, ancianos más de 60, y gente incapacitada pagan medio precio.

¡Entramos entonces a las entrañas de la tierra! Uno necesita un guía porque es muy oscuro y fácil de perderse. Dentro de la Montaña es uno poco húmedo y huele un poco a azufre, no tan desagradable, pero si se nota. (Dicen que es bueno para problemas respiratorios). La piedra sabe a sal, y cristales de sal se forman en las paredes. Bajo y bajo uno sigue, pasando las 
14 estaciones de la cruz hasta llegar a la catedral propia. Me quede completamente abismado; es verdaderamente una de las partes mas magnificas que he visto en la vida, no se la pierde. Los pilares son inmensos, con un diámetro de casi 10 metros, y suben y suben. Situado al fin de la catedral hay una cruz que mide 16 metros de alto y es hecho de piedra de sal. La cruz, como los otras características artísticas prominentes de la catedral esta iluminada desde atrás. También hay una altar a la santa patrona de los mineros de Zipaquirá, la Virgen de Nuestra Señora del Rosario de Guazá. La catedral misma, esta situada 350 metros dentro de la Montaña, 150 metros bajo la tierra, es 75 metros de larga y 18 de ancho; mas que 8000 personas al tiempo pueden asistir a servicios de misa. 

Bajando la montano a Zipaquirá, paramos en un pequeño museo de arqueología. Esta situado en la base de la Montaña y vale la pena visitar. A esta hora ya estábamos con hambre, entonces paramos en el restaurante que esta en el patio de la casa que era de los abuelos de María. Trate de tomar una fotografía, pero un guarda de seguridad no me permitió, me pareció como raro. El mesero luego explicó que alguien había tomado unas fotografías anteriormente y las había usado para postales y calendarios que fueron vendidas sin permiso del restaurante, el también pensó que la prohibición era una reacción exagerado. Bueno le tocará al papá de María imaginarse como se ve el interior de la casa. La comida fue muy buena. Comimos sopa de cuchuco, filete de merluza, arroz, papas cosidas, fríjoles, ensalada y jugo de melón. María comió lo mismo, pero ella tuvo pollo en lugar de pescado. ¡El precio de este banquete fue 5.000 pesos, o como $2 USD, por los dos!

 Luego caminamos por la plaza central y continuamos a la carretera principal para tomar una flota a Bogotá.. Creo que el chofer estaba practicando para remplazar a Juan Pablo Montoya, la raya doble amarilla no tuvo ningún significado. Pasamos a todos en el camino. Curva cerrada, sin problema, solo cambiar para bajo y hecha pa' lante. Llegamos a Bogotá rapidísimo. Desafortunadamente nos dejo en una estación de Transmilenio y no teníamos un pase entonces no pudimos usarlo. Aunque tuviéramos un pase no nos hubiera ayudado, porque tomar el Transmilenio no era parte de el plan. María logro convencer a uno de los choferes de flota que nos llevara unos metros mas allá en la carretera. Finalmente estábamos fuera de la estación de Transmilenio, pero nos encontramos atrapados en la mitad de los dos lados de la Autopista Norte, una de las carreteras mas ocupadas de Bogotá. Decidimos cruzar al lado oeste, para poder tomar un taxi hacia el hotel. Había un puente peatonal, pero no nos ayudo nada porque sola cruza la autopista de un lado para otro y no baja en la mitad. Después de casi media hora de observar tráfico vimos una oportunidad de cruzar y nos fuimos corriendo. Inmediatamente paramos un taxi, esta vez fue uno de los pequeños Hyundai, chiquitico y muy cómodo considerando el tamaño. 

Después por la tarde, Sandra, la amiga de María, vino al hotel hacernos la visita. Siempre es buena compañía porque es muy alegre. Luego los tres nos fuimos caminando a Unicentro a mirar los almacenes y a cenar en Crepes & Waffles. A mi no me pareció muy bueno, pero a María y Sandra les gustó mucho la comida. Me sorprendí de saber que Crepes & Waffles no recibe tarjetas de crédito. 

Todos los derechos de autor © 2004 Jim Thompson  


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On board the flota.

Casa de Garcia

Cathedral in Zipaquirá

Zipaquirá

archaeological museum

Climbing to the Catedral de Sal

Toward Zipaquirá

Miner

Entrance to the Catedral de Sal

salt sculpture

The maze

The maze.

Maria, Sandra, y yo.

Las imágenes son derechos de autor © 2004 
Jim Thompson