Jueves
23 SEP 2004
Después de una buena noche de descanso nos levantamos frescos y listos para partir.
Primero al
Solarium en el hotel por nuestro desayuno gratis, yo fui prudente con la comida sin saber todavía como podría caerle a mi, algunas veces, estomago delicado. Comí diferentes frutas y quesos, un vaso de jugo de
mora,
arepas y por supuesto café Colombiano.
Hay una agencia de viajes en el mismo edificio del hotel, compramos nuestros tiquetes
[Bogotá-Cartagena], [Cartagena-San Andrés] y
[San Andrés-Bogotá] como también la estadía en el hotel Arena Blanca en San Andrés todo por $620 por los dos. Por alguna peculiar razón colombiana el hotel tenía que pagarse en efectivo, por lo que fuimos al lado, al cajero automático de Carulla e hicimos el retiro.
(Descubrí que se pueden hacer varios retiros hasta alcanzar la cantidad necesaria y también que se debe asegurar que la tarjeta tenga una clave de 4 dígitos)
El día se ve bien así que
La
Candelaria
aquí vamos. Afortunadamente mi esposa Maria sabe desplazarse por Bogotá, así que sacamos el brazo e hicimos parada a una buseta “Germania” para llevarnos a El Centro, costo $1100 pesos por cada uno y el viaje tomo unos 45 minutos. Los conductores de buseta son tan malos como los taxistas, o debería decir tan buenos. Tan pronto alguien hace la señal para bajarse o cuando alguien en el andén señala, el bus frena en seco lanzándonos hacia delante en nuestros asientos, para después acelerar tan rápidamente como es posible y luego frenar de nuevo a unos pocos metros en el camino. ¡Hay 23.000 autobuses en Bogotá y 55.000 taxis! ¿Cómo eso compara esto con su ciudad?
Otra cosa que es entretenida son los vendedores que suben al bus para vender pequeños artículos, dulces, maní etc. Primero dan un saludo cordial
(los colombianos en general son muy
educados entonces entregan la mercancía a los pasajeros para que la revisen y así tentarlos al máximo, después dan un discurso bien ensayado y finalmente caminan a través del autobús a recoger dinero o la mercancía que uno decidió no comprar y se bajan a seguir su camino. Aprendí otra cosa de mi esposa sobre Bogotá, es una costumbre al montar busetas dejar el asiento ventilar por algunos momentos antes de sentarse, uno nunca se sienta inmediatamente en un asiento recién desocupado.
Esto demostrará con seguridad que usted
es un extranjero.
Una vez llegamos a El Centro que dirigimos hacia el mundialmente famoso
Museo del
Oro, no tuvimos que pagar por la entrada, quizás porque estaba en remodelación. Tristemente la mejor parte de la exhibición no estaba disponible debido a la construcción. Pienso que los objetos habrían podido tener un mejor sistema de señalización, era difícil a veces de determinar que etiqueta corresponde a que objeto, pero a pesar de ser una exhibición reducida sigue siendo muy impresionante. Había mucha gente indígena mirando los objetos que sus antepasados debieron haber hecho y que les fueron robados por los europeos, parece un poco triste que tengan que visitar sus artefactos en un museo del hombre blanco.
Hay un pequeño mercado enfrente del museo, dimos una vuelta, pero no compramos nada, Maria vio una figura de una monja en el estilo de Botero que le gustó, quizás debamos volver por ella al final de nuestras vacaciones.
Nos dirigimos después a Donación
Botero, esto ha sido hasta el momento lo mas sobresaliente de mi viaje. En el pasado no permitían fotografía dentro del museo, ahora la permiten sin flash. Me las ingenié para desactivar la alarma acercándome mucho a la pared, éstas son para proteger las pinturas de ser tocadas. El museo en sí es en una vieja casa colonial y es obligación visitarlo mientras se está en Bogotá.
La
cantidad de obres de Botero es increible, éstos son suplidos por algunos trabajos de
arte moderno de exponentes europeos de este género.
Después fuimos a
La Catedral Primada, estaban realizando Misa y el lugar estaba tan silencioso como una iglesia, a excepción de mis zapatos chirriantes, estoy seguro pensaron que Bob Esponja estaba en el lugar.
Caminamos entonces al Palacio de Nariño, la versión colombiana de la Casa Blanca. Decidí tomar una foto e inmediatamente se acerco un serio y joven soldado con un arma grande, me olvidé repentinamente de muy limitado español, el quería saber porqué tomaba las fotografías, y yo no pude pensar como contestar, afortunadamente Maria vino al rescate y explico que eran con propósitos turísticos. El se vio satisfecho, pero nunca sonrió. Entonces requisó el bolso de Maria y nos dejo seguir. De allí vagamos alrededor y vimos el Capitolio Nacional y el Observatorio Astronómico. Luego entramos a "Obleas Jose A" por una oblea llena de arequipe, Maria tomó masato y yo un café.
Llenos de cafeína y azúcar nos dirigimos a la estación Monserrate, y si que es una cuesta arriba apenas para la base de la montaña. Tuvimos que tomar el teleférico a la cima por que el funicular solo funciona en la mañana. Es sorprendente lo rápido y suave del recorrido a la cima, la vista de Bogotá es magnífica. Visitamos la iglesia que es visible de buena de Bogotá, Iglesia Santuario de Monserrate e hicimos una oración por todos los colombianos que están luchando por sobrevivir en este hermoso país. Después recorrimos el mercado y compramos un ornamento religioso para mi amigo mexicano en Orlando. Después de caminar un rato ambos necesitamos hacer pis, encontramos los baños pero costaba $600 Pesos.
Ní muerto esto es un robo, así que fui detrás de un árbol. La pobre Maria se estallaba, pero se negaba a pagar tal precio. Más adelante supe que $600 pesos son solamente $25 centavos en dinero de los E.E.U.U. Ya era tarde y nos devolvimos de nuevo al EL Centro.
Paramos a la una de los lugares favoritos de comida rápida de Maria, Domino que no se confunda con Domino’s pizza que también tienen aquí. El Domino fue creado por unos chilenos y las
empanadas que sirven parecen una versión suramericana de un pastel de
Cornualles. Un par de empanadas y un par de bebidas nos costaron cerca de $2 USD. Oh, también tenían baño, así que Maria se alivio en mas de una manera.
Tomamos una buseta para regresar al hotel, esta vez mas barata $900 pesos, nos demoramos una hora y media debido al tráfico.
Después de un baño y de un cambio rápido de ropa caminamos un par de cuadras a Ajiaco y Ajiaco por
ajiaco. ¿Bueno, y que esperaban? Era perfecto, no puedo recordar si tenía guascas después de todo, estoy seguro que debió tener, esto es Bogotá después de todo, ajiaco sin
guascas no es ajiaco. Esta fue la primera vez que probé maíz colombiano. Los granos son enormes comparados a los de E.E.U.U., y la textura más firme, creo que prefiero el maíz de la Florida, pero es bueno de todas formas.
Mañana salimos hacia Zipaquirá.
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los derechos de autor © 2004 Jim Thompson
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